Políticas educativas más allá de la escuela: ¿qué esta en juego?

Fruto de una compleja operación histórica, en nuestro país las instituciones educativas asumieron la tarea de la transmisión de la cultura, y en ella se incluyó tanto la enseñanza de las letras, los números y de otros cuerpos de conocimientos como la formación de identidades colectivas: el sentimiento nacional, la historia común, la ciudadanía, en fin, aquello que hace posible que podamos vivir juntos.

Sin embargo hace mucho tiempo  que sociedades como la nuestra vienen desplegando otros procesos de transmisión cultural, asumiendo una particular relevancia a partir de la segunda mitad del siglo XX: los medios de comunicación –incluyendo en esta categoría a aquellos que la tecnología ha hecho masivos, como el cine, la TV-, por un lado, y los espacios ligados a la cultura como los museos, los centro culturales y el espacio público, como contenedor de iniciativas ligadas al arte o al espectáculo. Quizá en otra clave también habría que sumar a la lista el desarrollo de tecnologías ligadas a la comunicación y al acceso al conocimiento.

Frente a estos fenómenos de orden cultural quienes trabajamos en el campo de la educación nos debatimos por su alcance, su capacidad de modificar conductas y de abrir nuevas ventanas al mundo. ¿Pueden ser considerados fenómenos educativos? ¿Educa la TV? ¿Y las políticas de los Museos de la Memoria? ¿En qué sentido? ¿De qué modo, con qué estrategias y con qué fin? ¿Cuál es el alcance del término educación? ¿Cuál es nuestra responsabilidad como educadores frente a ellos?

Por otro lado, en las últimas décadas el Estado ha venido tomando un papel cada vez más protagónico en la inversión y desarrollo de políticas culturales y educativas para esos amplios y difusos, pero no menos importantes, ámbitos de la cultura. Quizá el más sobresaliente –e indiscutible- fue la creación de Canal Encuentro primero, y PakaPaka luego, como estrategias mediáticas masivas de educación (cabe recordar que desde su creación hasta finales de 2015 dependían  del Ministerio de Educación de la Nación y ahora lo hacen del Sistema Fderal de Medios y Contenidos Públicos), que contaron con producciones tanto nacionales como federales.

No podemos dejar de señalar, por otro lado, las acciones que, en las últimas décadas y desde distintas iniciativas del Estado, se llevaron adelante en el espacio público, ampliándolo y dándole nuevas articulaciones territoriales: la transformación de la ESMA en un Espacio de Memoria y de Cultura, el Museo de Malvinas, Tecnópolis, por nombrar algunas iniciativas del ámbito nacional;  el Tríptico de la Infancia de la ciudad de Rosario y el Tríptico de la Imaginación de la ciudad de Santa Fe, la Compañía de la Media Luna y otras tantas iniciativas del estado municipal de la ciudad de Rosario y del estado provincial de Santa Fe que son claras muestras de Estados que intervienen con políticas en el campo de la cultura. Y podríamos completar la lista con políticas de otras tantas ciudades y provincias de nuestro país.

El conjunto es amplio y variado. Muchas de ellas son políticas dirigidas a niños y jóvenes en su diversidad, políticas “universales” que ponen en juego estrategias de reconocimiento de todos los sectores de la sociedad, políticas que hacen disponible bienes culturales, artísticos, tecnológicos, que invitan a ser parte, que activan el derecho de pertenecer a un colectivo.  Otras son dirigidas a públicos heterogéneos, y ponen a disposición de ellos la posibilidad de apropiación de bienes simbólicos de los que no se habían sido parte.

Son políticas donde el término inclusión tiene que ver con la construcción del todos en otra clave de la que realiza la escuela. Este rasgo –el de plasmar una intervención educativa por fuera de las prácticas escolares- es el que las hace objeto de reflexión para nosotras: como políticas de Estado, ¿Qué infancias, juventudes y ciudadanías abonan? ¿Qué fines persiguen? ¿Qué estrategias despliegan? ¿Qué se juega de lo que somos como sociedad en ellas?

El presente, por su lado, pareciera poner en riesgo mucho de lo construido y aprendido en este campo. Nos preocupa qué está en juego cuando se abandonan, se pierden o se transforman abandonando su perspectiva inclusiva.

Para abrir este debate, queremos presentar unas reflexiones que abordan políticas desarrolladas en las últimas décadas, de impotancia tanto política como educativa para la construcción de un nosotros, esperando que puedan sumar a una mirada crítica del presente.

 

 

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