La Secundaria del Futuro y las etiquetas del pasado

En este artículo se pretende abrir una interrogación acerca de la propuesta “Puente Primaria Secundaria” en la que los docentes y directivos de 7mo año de CABA deben confeccionar un informe sobre la trayectoria escolar de cada uno/a de los/as estudiantes. Esta decisión es en principio polémica y puede tener como consecuencia obstaculizar más que favorecer su tránsito por la escuela secundaria.

Gustavo Galli (UNAHUR –UMET)

Hace unos días los medios publicaban que en el Partido de Luján construyeron un puente en el que los trenes no pasan por ser demasiado angosto. No todos los puentes cumplen su función, algunos están mal construidos y no pueden ser cruzados, en algún caso también pueden caerse.

En el marco de la Secundaria del Futuro se proponen dos instancias para acompañar a los estudiantes en el pasaje de la primaria a la secundaria. A una de ellas la llamaron “Puente Primaria Secundaria” y consiste en la producción de un informe sobre el desempeño de los y las estudiantes que deben completar sus docentes y directivos. Sobre una plataforma virtual el informe propone una serie de preguntas de opción múltiple más algún cuadro en blanco a ser completado, por los docentes a cargo de 7mo año o directivos.

Las preguntas abordan cinco aspectos del desempeño de los y las estudiantes: convivencia, trayectoria escolar, salud, vínculo familia escuela y actitud frente al aprendizaje. La intención es que toda esta información quede “guardada” virtualmente y pueda ser consultada por los docentes de 1er año de la Escuela Secundaria del Futuro para “conocer” a sus estudiantes antes de conocerlos en su aula.

En esta plataforma se pregunta por ejemplo si el/la estudiante: ¿Tolera la frustración? y se presentan como opciones de respuesta: – Frecuentemente y  –Con poca frecuencia.  Siguiendo el mismo modo binario otras preguntas indagan sobre si concentra su atención o si se muestra creativo. Ya con tres opciones de respuesta se pasa al cuestionario sobre su convivencia en la escuela, por ejemplo, si utiliza el diálogo para resolver conflictos, si su familia asiste a la escuela frente a situaciones complejas o la particular pregunta sobre si ¿Se vincula respetuosamente con sus padres? Estas preguntas pueden responderse a través de las opciones: -Siempre – A veces – Casi Nunca. Llama la atención una de las preguntas sobre el acompañamiento de la trayectoria escolar, que indaga si en la construcción de su aprendizaje ¿Requirió ajustes razonables? (sic). Por último hay un espacio para subir el informe del Equipo de Orientación si hubiese intervenido y otro para los antecedentes de salud.

Quienes transitamos aulas y direcciones de escuelas secundarias y/o primarias hemos debatido mucho acerca de los supuestos beneficios del “pasaje de información” entre grado y grado o año y año. Hay mucha producción académica y también mucha experiencia docente que nos ha decidido desde hace tiempo a preguntarnos sobre esta práctica, que en ocasiones no hace otra cosa que anticipar destinos, fijar roles, estigmatizar y cristalizar formas de hacer y vincularse, invitando a los estudiantes a cumplir las profecías de los adultos.

Es que estamos convencidos que la educación nunca puede ser entendida dentro del orden de lo definitivo, por el contrario, si algo es inherente al acto pedagógico es su recomenzar en forma permanente. Nadie “es” algo que hizo,  nadie “es”  eso que muestra. Más aún si hablamos de niños, niñas y adolescentes. Perla Zelmanovich, hace un tiempo nos advertía que “como adultos tenemos la responsabilidad de cuidar a los chicos” y que una forma de ejercer este cuidado es comprender que los niños y adolescentes no “son” los actos que llevan adelante, esos actos son ensayos de un personaje que despliegan en el camino de la construcción de su subjetividad

No es la intención de este escrito hacer un recorrido sobre la performatividad de la palabra y sus efectos sobre las vidas de niños y niñas o sobre sus trayectorias escolares, tanto Bourdieu como Foucault, por citar sólo dos grandes intelectuales, lo han hecho en muchos de sus trabajos. Quizás conviene recordar la famosa frase de Bourdieu “quien nomina domina” donde destaca la forma de ejercer el poder a partir de la clasificación, de ponerle nombre a las cosas, pero también a los grupos y a los sujetos. Clasificar, organizar, nombrar, los buenos y malos, los exitosos y los fracasados, los voluntariosos y los vagos, los que merecen y los que no, los inteligentes y los que les cuesta un poco, los rápidos y los que tienen otros tiempos, los que la familia acompaña y los que están solos, los que con esa familia que querés o los que son gente de trabajo, los que son de otra cultura o los que se adaptan enseguida,  los que y los que…

Jacotot demostró que no hay unos y otros, no hay “los que y los que” porque como bien señala Rancière (2007) en sus reflexiones sobre Jacotot y su experiencia, la igualdad es siempre previa, no es un punto de llegada sino que se instaura como el punto de partida desde el que nos paramos a enseñarles todo a todos. Ese punto de partida igualitario marca una opción ética y política sobre la tarea de enseñar y es justamente porque existe esa opción por lo que se torna cuestionable la necesidad de “saber” todo del otro o de la otra.

Hoy la política pública en nombre de la articulación y los puentes nos propone (nos exige) rotular, etiquetar, definir a nuestros/as estudiantes respondiendo a preguntas “maniqueas” que no hacen otra cosa que profundizar una racionalidad binaria. La simplificación y banalización de lo complejo es una de las tareas cotidianas de este modo de hacer política. Encuestas y preguntas que se responden por sí o por no. Las trayectorias de nuestros y pibes y pibas son mucho más complejas que una pregunta cerrada, merecen análisis, explicaciones y argumentaciones que no entran en un casillero a tildar ni tampoco en un tweet de 140 caracteres. Son historias de aprendizajes entramadas en historias de vida. Merecen respeto. Sus derechos lo exigen. No pueden ser sometidos a la brutalidad de la descontextualización y menos aún de la permanencia en el tiempo de una palabra que los y las fija, que estará presentificada hasta quien sabe cuándo en esas nubes virtuales que en este caso son parte de una tormenta.

En la actualidad vivimos una época de complejidades vinculadas a prácticas relacionadas con la patologización y la medicalización de las infancias y adolescencias. La definición de diagnósticos a través de formularios multiple choice que, investidos de rigurosidad científica, son repartidos en las escuelas para que los y las docentes los completen sin tener los saberes ni las competencias para hacerlo, configuran un escenario de proliferación de niños, niñas y adolescentes medicalizados y de prácticas escolares en las que lo pedagógico termina por ceder su lugar a la mirada biomédica. En estas prácticas encontramos un ejemplo claro de la intersección nefasta de la mercantilización de la educación y la salud. Laboratorios creando patologías que se tratan con los medicamentos producidos por ellos pero que se diagnostican en las escuelas.

La biopolítica se introyecta en los cuerpos y el neoliberalismo que, como alguna vez dijo Margaret Thatcher, viene por los corazones y las almas, hoy los coloniza a través de una sociedad de control con dispositivos químicos que hacen de nuestros pibes y pibas nuevos cuerpos dóciles al interior de las escuelas. Diagnósticos, etiquetas, rótulos tranquilizadores que le ponen nombre al malestar pero que como bien  sostienen los especialistas agrupados en el Forum Infancias, no los escriben con lápiz sino que son indelebles. Las políticas públicas de salud y de educación que tienen la obligación de cuidar y garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes, no pueden favorecer prácticas que supongan estigmatizaciones o la publicación y el registro por escrito de acontecimientos biográficos centrales en la construcción de las subjetividades.

Todos, todas, nosotros y nosotras, nuestros actos y nuestras circunstancias, nuestras decisiones y nuestros pensamientos, nuestras ideas y nuestros vínculos, merecen siempre una nueva oportunidad, merecemos que el pasado no cancele el porvenir. Las infancias son siempre recomienzo. Dice Walter Kohan “La infancia es una voz de una intensidad que interrumpe la monotonía de las palabras dichas por decir, una palabra que piensa como si inaugurase el pensamiento. Esa voz y esa palabra no tienen dueños ni edad para ser dichas, y requieren cierta atención y escucha. La infancia inaugura, nace, propicia allí donde hay un lugar para inaugurar, para nacer y para iniciar un camino”

Camino que puede ser habilitado por un puente que se cruza o clausurado porque  nunca termina de cruzarse. Y como dice Cortázar, “porque un puente, aunque se tenga el deseo de tenderlo y toda obra sea un puente hacia y desde algo, no es verdaderamente un puente mientras los hombres no lo crucen. Un puente es un hombre cruzando un puente, che.”

Bibliografía

Cortázar J. (2012) Libro de Manuel. Buenos Aires. Alfaguara

Kohan, W. (2007) Infancia, política y pensamiento. Ensayos de filosofía y educación. Buenos Aires: Del Estante.

Rancière, J. (2007) El Maestro Ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Buenos Aires: Libros del Zorzal.

Zelmanovich, P.(2003) Contra el desamparo. En Dussel, I. y Finocchio S. (2003) Enseñar Hoy: una introducción a la educación en tiempos de crisis Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina.

 

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