Capacitación docente, trauma y agenda

O como pensar el desarrollo profesional de los docentes después del trasero y el cerebro chatos

Laura Pitman
Lic. en Ciencias de la Educación
Directora de Desarrollo Curricular en la Universidad Nacional de José C. Paz
Docente del IES Lenguas Vivas Juan Ramón Fernández

Crónicas, imágenes y videos circularon hace unos días por las redes sociales, mostrando pasajes de una capacitación realizada en La Plata el pasado 12 de marzo, desafiando nuestra capacidad de asombro. Diapositivas sobre “recreos cerebrales”, alusiones a traseros y cerebros chatos, fotos de hijos de capacitadoras, toques de clarín para hacer silencio y consejos sobre temas musicales para manipular el estado de ánimo de los alumnos, fueron algunos ejemplos de la jornada que causó inmediata repercusión crítica en ámbitos sindicales, académicos y periodísticos. Tres días más tarde se conocería la comunicación de la suspensión del encuentro siguiente.

En principio, cabe hacer notar que no se trató de un encuentro cualquiera: el evento del 12-M fue una de las primeras instancias organizadas bajo la conducción de la nueva Directora Provincial de Formación Continua, Victoria Zorraquín de Pereyra Iraola. La funcionaria, cuyos antecedentes en el área a su cargo provienen de una fundación que comercializa capacitación a directivos escolares, asumió en febrero e inició su gestión con el despido de 36 integrantes de los Equipos Técnicos Regionales (ETR), encargados de la formación de docentes de todos los niveles y modalidades de la provincia de Buenos Aires. Podría interpretarse que la asunción de la nueva directora marca el inicio de una segunda etapa en materia de capacitación docente en la jurisdicción, cuyo contenido empieza a develarse: los capacitadores participantes fueron instados a “cambiarse el chip”. La primera fase, iniciada en 2016, concretó la centralización de las acciones de formación continua, desmantelando la red de instituciones oferentes y la presentación anual de proyectos de capacitación que otorgaban puntaje, con financiamiento provincial.

Las insólitas escenas que nuestros compañeros presenciaron aquel día no tienen, entonces, nada de casual ni son un hecho aislado. Forman parte del derrotero de una política de destrucción del importantísimo sistema de desarrollo profesional docente construído a través de décadas en la provincia de Buenos Aires. Alejandra Paz, en la primera de esta serie de notas, reseñó esta historia con la precisión de quien conoce en profundidad aquello de lo que habla. Sin embargo, es importante comprender que no solo se trata de destruir lo existente, sino de llenar ese vacío con otra cosa. ¿Con qué? Intentar responder esa pregunta nos lleva a pensar si eso que muchos entrevimos en videos viralizados puede llamarse capacitación (o como se le quiera llamar). Si por capacitación entendemos fundamentalmente un conocimiento puesto al servicio de un problema o necesidad pedagógica, no lo es: en el dispositivo que estamos analizando no es posible encontrar algún rastro de saber académico, construído bajo las reglas de alguna disciplina científica, como bien lo mostrara Virginia Jaichenco respecto de la neurociencia, en la segunda de esta serie de notas. Lo interesante es que lo mismo podría decirse de cualquiera de las afirmaciones vertidas en ésa y en tantas otras jornadas y charlas TED similares -y hasta con los mismos protagonistas- disponibles en la web. ¿En qué disciplinas podríamos encuadrar las afirmaciones acerca de alumnos eficientes, libración de estrés y aprendizaje en estado de tranquilidad y relajación? ¿En la pedagogía, la didáctica, la psicología educacional? Por supuesto que no. Estamos, básicamente frente a un conglomerado que mezcla fragmentos degradados de saberes que, hace muchas transposiciones atrás, pudieron haber tenido un lejano vínculo con algún conocimiento. Retazos que se combinan con prejuicios socialmente circulantes (“el recreo cerebral de las mujeres es el shopping”) y el agregado de los infaltables elementos ficcionales (hoy se puede aprender análisis sintáctico mirando un tutorial en internet). En síntesis, lo que tenemos enfrente es el discurso mediático, extrapolado sin escalas al campo educativo, y mostrado en toda su impertinencia.

Otro rasgo que nos encontramos en estos dispositivos es la presencia de la afectividad como objeto dominante de la acción pedagógica. Las preocupaciones academicistas, centradas en el dominio de contenidos curriculares, propias del neoliberalismo pedagógico de los 90 quedaron atrás. En su lugar, encontramos una versión corregida y aumentada, que hoy se encolumna detrás de una tendencia clave en la fase emergente del desarrollo capitalista en curso: la amalgama entre afectividad y economía. Alberto Santamaría, en su libro En los límites de lo posible. Política, cultura y capitalismo afectivo, muestra que históricamente las instituciones hegemónicas procuraron equilibrar las emociones y la razón. Podríamos decir que ese equilibrio era requerido por el ejercicio de la ciudadanía, que suponía un sujeto racional. En condición de regulación social de mercado, la formación del consumidor, lejos de pretender dominar las emociones busca exacerbarlas, configurando un sujeto fácilmente manipulable, y cuasi desbordado de amor… o de odio. Constituida esta base subjetiva será relativamente sencillo que el ex ciudadano consuma semillas patentadas, vino o cursos de capacitación. Y centralmente, candidatos electorales que, devenidos gobierno, confiscarán los derechos adquiridos en décadas de democracia por parte de los sectores mayoritarios de la población.

Otro punto sobre el que queremos llamar la atención es que este discurso no es el resultado de la desubicación personal de estas capacitadoras, sino que está siendo producido orgánicamente por sectores concentrados de poder, en una red de organizaciones con fuerte financiamiento privado, cooptación de instituciones tradicionales y ramificación capilar en muchos países. En el video al que nos referimos más arriba la capacitadora protagonista del 12-M es en sí misma un ejemplo. En la presentación, la locutora la destaca como directora del área de Educación de la fundación Educar para el Desarrollo Humano (¿cómo se llamarán las otras áreas?). También es “teacher training exclusiva para Latinoamérica” (se ve que el primer mundo le está vedado) de Oxford University Press. Esta editorial se presenta en internet como un departamento de la Universidad de Oxford, pero en su filial argentina sita en Barracas es una Sociedad Anónima. La frontera entre la institución educativa, saturada de renombre y prestigio mundial, y la marca editorial se torna difusa. La animadora es también autora del libro From passion to action, publicado no por Oxford Unversity Press, sino por Kel Ediciones, una editorial de libros en inglés (mayormente de texto) ubicada en Belgrano R, cerca de las muchas escuelas privadas de cuota exorbitante, algunas bilingües, que la proveen de clientela.

En el futuro inmediato cabe esperar una fuerte proliferación de eventos similares a lo largo y a lo ancho del sistema educativo, aun cuando tácticamente se recalcule la estrategia o se limen excesos. Frente a esto, la pregunta crucial se torna estratégica: ¿cómo capacitar después del “trasero chato, cerebro chato”? Lo pregunto seriamente, sin ironías. Porque lo que preocupa de la escena que vimos son los capacitadores que se sumaron a la “propuesta” de los círculos y cuadrados en el aire. Nadie puede dudar que muchos estaban preservando un puesto de trabajo del cual viven. Pero otros parecían prestarse de buen grado. Y es que la mezcla de traseros y cerebros resuena en aquello que nos es cotidianamente familiar. Porque se asienta sobre el terreno firme de sentidos culturalmente acuñados por los medios y apropiados por una parte muy significativa de la población.

¿Cómo construir entonces una agenda de capacitación que dispute sentidos, solidaria de la maximización del derecho a la educación? Por supuesto que no tenemos ni podríamos tener una respuesta, ya que ésta requiere ser acuñada colectiva y políticamente, pero las reflexiones realizadas más arriba nos arriman alguna aproximación.

En primer lugar, necesitamos reponer entre los docentes la idea de que la capacitación es un ámbito en el que se ponen a disposición saberes académicos (incluidos aquellos producidos por los propios docentes), saberes que se ponen en diálogo con problemas educativos relevantes. Es posible que estudiar no sea tan divertido como musicalizar clases para manipular el estado de ánimo de nuestros alumnos, pero es lo que hacen los profesionales que enfrentan con seriedad la tarea que eligieron.

En segundo lugar, y tal vez éste sea el punto más estratégico, es que necesitamos reconstruir la versión escolar del demolido lazo social, en el marco de en la sociedad de las brechas. En otras palabras, hay algo de cierto en la preocupación por la relajación y el buen clima que acusan las capacitadoras del 12-M. Por un lado porque la violencia creciente, inyectada a diario por los medios hegemónicos de comunicación -no sólo en su versión TN local, sino también y fundamentalmente en su versión global marca Fox o TNT – hoy aqueja a la vida en común que implica cualquier sociedad, y eso no deja indemnes a los actores escolares. Por el otro, porque los problemas de adecuación de las nuevas generaciones al dispositivo escolar ya configuran un verdadero problema de política educativa que va a ir en crecimiento. Estamos asistiendo al surgimiento de la primera generación que nace a la vida social en contacto intensivo con celulares, e interacción cuerpo a cuerpo decreciente. Todavía no podemos asegurar cuál será el impacto de esto, pero ya es posible observar un aumento de la irritabilidad en niños pequeños y un descenso en la capacidad de postergación y tolerancia, capacidades requeridas para la convivencia con otros. Enseñar a los niños a postergar el impulso, a tener en cuenta el punto de vista del otro, a construir, en fin, la noción de semejante será un objetivo político de la educación pública, que deberá ser acompañado por las instancias de formación continua que se generen. Será imprescindible, allí donde el mercado alienta el individualismo, fortalecer perspectivas colectivas, e impulsar el pensamiento y la acción solidaria en lugar de alentar la competencia, lejos de la lógica mediática del reality.

Rebasada con creces la extensión prevista para esta nota, elegiremos solo un punto más de los tópicos llamados a integrar una agenda futura para la formación permanente. Y es la necesidad de visibilizar el saber que los docentes producen desde la propia práctica. En el sentido de la documentación de experiencias a modo de archivo, pero también en lo que implica transformar el saber en conocimiento académicamente reconocido y circulante en los circuitos en los que puede tornarse activo. Instituir a los docentes como agentes de producción de saber pedagógico es una iniciativa que tiene en los ámbitos de capacitación un espacio privilegiado. Tanto en el camino “de ida”, que implica reconocer experiencias y saberes, documentarlos y validarlas, como en el “de vuelta”, haciéndolos públicos y circulando el conocimiento producido entre otros colegasPara terminar, cuando las Conversadoras me invitaron a escribir esta nota, pensé cuál era el estatuto de la escena que directa o indirectamente presenciamos el 12-M. Inmediatamente me vino a la memoria la idea de catástrofe que Ignacio Lewcowicz explorara en torno de los acontecimientos del 2001. Ignacio decía que una catástrofe es “una dinámica que produce desmantelamiento sin armar otra lógica distinta pero equivalente en su función articuladora”. En cambio, un trauma implica la suspensión de una lógica por algo que es tan ajeno que cuesta poder captarlo. Sin embargo, del trauma se vuelve. La tarea urgente es, entonces, detener la catástrofe, arrinconarla en la dimensión del trauma. Y la mejor manera de hacerlo es construir el acontecimiento de reinventar -una vez más- el programa que requiere la realización del derecho a la educación.



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